viernes, noviembre 13, 2009

Me dolés...como duelen algunos paisajes,


Me dolés,

Como duele el hambre en la panza,

Los pies en el frío,

Las cosas profundas y oscuras.

Me dolés,

Como duele el miedo,

Como duele el terror,

Me dolés,

Como duele el vértigo asomando al cordón de la vereda,

Me dolés,

Como duelen las caries, las piernas, los grillos

Como duele la garganta en gritos incontenibles,

Me dolés,

Como duele estar perdido en ciudades desconocidas,

Como duelen ciertas cosas hondas, intrínsecas, inefables,

Me dolés,

Como duelen las caricias,

No sabes, como me duelen tus manos,

Como duele tu voz,

Como duele el reloj.

Me dolés,

Como duele el silencio ensordecedor,

Hablándome por todos lados,

Me dolés,

Como mi cobardía,

Como duelen los días que pasan de largo,

Y no los atrapo.

Me dolés,

Inconteniblemente en el pecho

Me dolés tanto

Que no consigo nombrarte,

Me dolés,

Como el aire asfixiado

O envenenado,

Resumiendo…

Me dolés.


FOTO & TEXTO
por
Georgina Sinclaire.

miércoles, noviembre 04, 2009

LA SIESTA EN QUE A SOPHIA LA DESPERTÓ UN COLIBRÍ


Sophia en horizontalidad profunda,

En completo silencio.

La ventana abierta,

La cortina golpeando los marcos.

El perro echado,

La suave brisa,

El sol asomando,

La humedad que conserva el pasto,

Y un colibrí…

Chillando,

Suspendido en mitad del aire,

Sin avanzar,

Sin retroceder,

Pero volando.

Sophia, sonriente, anonadada,

Tratando de fotografiar al mundo en ese instante con su alma.



fue otra nostalgia de: Georgina Sinclaire.

martes, octubre 20, 2009

"quiero re-truco"...




"La retórica es tu arma más letal"
NO - Shakira.


Sophia volteó la última página del libro, cerro la tapa dura, y salió corriendo, con una gran sonrisa y sonrojes en sus mejillas.

La mirada iluminada. Corría con ansiedad, hasta encontrarlo al otro lado de la casa.

Ya de frente, se detuvo, con gesto de sorpresa, como si estuviese a punto de revelar un misterio. Emocionada como una chiquilina por su hallazgo:

- Estoy cada día mas apasionada por el existencialismo. No se como explicarte pero es una teoría que sencillamente me deslumbra, no puedo parar de querer saber más de ella. (advirtiendo su silencio casi indiferente prosigue diciendo…) Y si, uno se enamora de las teorías, es una manera de aprender. No?

Él sonriendo y con gesto arrogante se le acerca y mientras le da un beso en la mejilla le dice

- …pero el existencialismo no puede hacerte el amor.

Sophia se queda sentada, mirando la nada, y sin la sonrisa, ama la manera en que le llega el viento de su boca, tan cerca, cuasi un roce, pero no entiende ya muy bien, los límites de ser criterioso, autentico, y quizá, las retóricas de una existencia pedante. Pensó decirle "no te aguanto" pero se contuvo.

Entonces, y sólo por diversión, Sophia levantó una ceja en gesto desafiante, y empezó la guerra. (o al menos hasta que él se canse de tantas palabras).



TEXTO & FOTO X:

Georgina SinClaire.

miércoles, agosto 26, 2009

Sophia & los viajes que contará su piel....


“..el dolor no lo perdí,

es el héroe que hay en mi,

nada como ir juntos a la paz”

Pappo.

Sophia tiene dos alas colgando en el ropero.

Se le llenan de humedad, de vértigo, de espera, de vejez mal vivida.

Y se pasea por el techo de su habitación, se pasea por el ceded húmedo de rocío, por el camino que hace el calido sol, y va cerrando los ojos cuando le enciende las mejillas.

Sophia anda descalza la mayor parte del tiempo, y cuando no la ven, pone los pies en el barro, y los hunde, y espera a que la humedad, y el frío de la tierra le cale los huesos, y es ese enchastrarse los pies lo que le devuelve por un rato la sensación de estar viva.

Lo sabe, las cosas nunca son lo que parecen, ni siquiera son lo que son. Entonces, no lucha, repasa estrategias, repasa en si, a las cosas. Al mundo.

Ella guarda en su corazón la nostalgia de lo épico (y la fuerza). Por las noches, lustra una espada, quien sabe, si será como el quijote, una espada o un simple fajón de mano.

Sophia tiende a exagerar, le gusta la imaginación tanto, que a veces, no sabe que cosas son esperables de la vida, y que cosas nunca llegarán, no puede ni quiere abandonar el sueño. Le es útil, como respirar.

Esta un poco cansada, ha dado tanto, ha invertido tanto, ha esperado tanto, ha soñado tanto, ha luchado por causas tan vanas, y por otras tan imperdibles. Esta un poco cansada. Pero sigue andando.

Últimamente vierte un tiempo inexorable en encontrarse. Entonces, abre todos los baúles, las cajas, los neceser, los roperos, incluso bajo la cama, sabiendo que ella nunca podría esconderse ahí, igual se busca, va a la heladera, husmea los postres, los quesos, y nada, intenta en la estufa, pareciera, pero tampoco, se busca en la bañera, en las lámparas, en los sillones, hasta en la tele, y nada.

A veces se relaja, se distiende, se da un tiempo para encontrarse, y va a su biblioteca, busca un libro, se acomoda, y lee, hartas horas lee, y entonces, olvidada de si misma, de buscarse, de querer encontrarse, da vuelta una pagina, y ahí estaba. Se halla. Sophia por fin se halla.

Baila en la calle, para distraer al frío, a los fantasmas de la noche, y al cemento que quiere asomar entre el empedrado gris, y le gustan las piedras, más que el asfalto, porque por cada adoquín se refleja a la luna, se multiplica, y entonces, Sophia zapatea, mira al piso, y quiere pisar al frío, y quiere hacerle cosquillas al reflejo de la luna. Sus amigas se muerden los labios, ya no la conmueve que la adjetiven de loca, Sophia se ríe, se ríe porque se divierte simple, y sencillamente, sobre todo, porque se ríe, en tiempos de guerra, de dolor, de mala racha, y de muerte, Sophia se siente triunfal, porque de los entierros, también surgen las flores.

Son tiempos raros, muy raros, de encrucijadas, de desencuentros, de una parcimonia casi rancia, son tiempos tan raros, de deja vu, de olvidos, de no tener certezas, de andar escurriendo la magia. Sophia tiene un agujero negro en el pecho, se la devora de noche, como una supernova que se come a si misma, por la mañana ya nada queda a su alcance, nada queda de Sophia cada vez que ese atroz desasosiego se abre. Entonces Sophia se ve a si misma. Desde afuera, con defectos, con virtudes, se ve.

Se ve atada, en mitad de una carretera extensa, tan extensa que a veces se torna tediosa, pero no se aflige, sabe que la carretera tiene finales, muchos, que se buscan, y uno inevitable. Así que Sophia resuelve caminar, porque al final, el final llegará, y es mejor tener las marcas de lo andado, y haber sembrado algo, y haber cosechado otro tanto, la carretera se achica, día a día, pero los nudos que la atan son tan fuertes, se desanima, lo intenta, prueba con la fuerza, prueba con la inteligencia, nada los desata, el temor la deja ciega.

Ella misma construyo esos nudos, y sabe que se aseguro de no hacerse trampa, esa moral tan intrínseca de Sophia. Así que intenta. Se sienta con aquella postura de yoga que tiempo atrás aprendió, respira, simplemente, y se deja llevar, por el viento, por los pájaros, por las olas, por la arboleda efímera tras las ventanas del colectivo en el que viaja cada mañana. Sophia, se desata, y puede. Puede de poder, entonces, todo el aire le vuelve al pecho, recobra las fuerzas y se dice “hoy es un buen día porque yo lo quiero así”, e intenta.

Algunas noches resulta difícil, la oscuridad y el silencio tiene fantasmas que la claridad disimula con los ruidos y el trajín de la rutina.

Sophia que ha vivido tanto, sabe que tanto le falta por vivir, así que resuelve irse a dormir. Ya no sueña tanto. Mucho menos despierta, ahora se ocupa, de esas premisas sociales que la hacen ser alguien más. Sophia ya no intenta ser única. Sabe que a veces en el camino no se puede ser lo que se quiere ser.

Y mientras tanto las alas se despluman en el ropero, mientras Sophia, se busca en el hueco del pecho, un futuro posible, y una Sophia que suene a Sophia en el reflejo que el espejo le devuelve.

Y cuando llega la mañana, Sophia se despierta cantando aquella bella canción: “tarda en llegar, y al final, al final, hay recompensas, en la zona de promesas”, Sophia se regala la primera sonrisa del día y sale a la batalla.

FOTO & TEXTO

Por Georgina Sinclaire.


“si todo empieza y todo tiene un final

Hay que pensar que la tristeza también se irá”

Jorge Drexler.

jueves, agosto 13, 2009

Los azahares que probablemente nadie mira, están anunciando la primavera..(o algún tiempo mejor)



"Las nostalgias afilando atardeceres & los mil etcéteras q no resumen tener a alguien que te ame... Y....

Qué hace q una mujer sonría caminando bajo un torrente diluvio ... "

(se preguntaba Sophia, mientras escribía, probablemente, lo que fuese un poema)



Para cuando la nada te amenace el corazón…

Para cuando te aburras, para las dudas,

para el cansancio, para los viajes,

para la aurora..

Tengo mil palabras

Tengo pasado, futuro, magias, muchos juegos, y tengo uñas..

(tengo espinas como las rosas)

Para cuando el invierno te esconda todas las flores

tengo en mi ombligo un colchón de amapolas…

tengo en mis ojos rocas filosas.

Si el frío impúdico se filtra entre tu ropa,

metiendo mano imprudente y pueril,

tengo en mi abrazo un candil que te arropa.

Cuando el viento soberbio corte tu boca tengo en la mía ungüentos de sobra

Por si la rabia se hace un nudo en tu estomago tengo en mi paz dos tesitos y todas las horas.

Para cuando la ciudad te golpee

Para cuando te sientas herido

Para cuando tropieces

O te quedes sin rumbo

Dando tumbos

Al desvarío

Para cuando los entuertos

Entumezcan dejándote ciego

Para cuando la soledad sea premisa insurgente

Para cuando la vida se filtre

Y la muerte se cuele

Para cuando la espera se aletargué

Para cuando los gritos enfríen

Para cuando una mirada te traiga la nieve

Para cuando necesites un mate

Una amiga

Una amante

Una rosa de los vientos

Una compañera

Una guía

Para cuando quieras calor

Para cuando quieras mis manos siempre frías

En tu espalda

O mi boca dejando suspiros en tu barba

Para cuando quieras querer

O para cuando no tengas un nombre porque quien

(sólo porque me cantes dormida “solitaria y de pie”)

Tengo en el pecho un eco que te evoca.

Para mi contra, tengo esta generosidad suicida,

esta bondad tan obvia.


Foto y Texto por

Georgina SanitClaire


“NO TE CUESTA UN CENTAVO ESTE VERSO

PUES MI ALMA LO PAGA” (S.R)



jueves, agosto 06, 2009

Las muchas muertes de Sophia en su travesía de olvidos.



& sostener otra muerte en mitad de una muerte, y malgastar el nacimiento en partirse las rodillas contra tu risa, y que valga la pena, la muerte futura, posible, cómo la incertidumbre de si me darás vida, si tus ojos me miran.

.

Su pecho era una fábrica de nada, sólo le habitaba como el tamaño de un granito de arena la esperanza. A veces crecía con la luz de cien mil luciérnagas.

Habían noches, que eran mares negros, soles apagados, y constelaciones que se decantan como lluvias ácidas sobre las pupilas.

Algunos días le conformaba ser viento, acariciar las calles, los árboles, la tarde, las ausencias, y el viento le devolvía el favor siendo brisa sobre sus mejillas. Sophia apretaba los ojos, y sonreía, en mitad de un aluvión de autos que iban y venían, jamás los escuchaba, tenía una indiferencia innata a las maquinas.

Se conocía su orgullo de memoria, pero estaba cansada de luchar, de esperar, de perdonar, incluso de sentir. Había caído en la comoda banalidad de vivir sin corazón.

Su placer era una catedral a destiempo, su ideal, la sentencia de todos sus fracasos.

Pero caminaba y la música le llegaba en oleadas, se detenía entre las 6 y las 7 de la tarde sobre la avenida siete, cerca de Pza. San Martín, a mirar como los pájaros rondaban en círculos, a bandadas unos giraban seguidos de otros, se armaban de a dos o tres grupos y giraban todos en círculos, algunos en el sentido de las agujas del reloj, y otros a la inversa. No dejaba de mirar el cielo, el cielo recortado entre edificios y cables, le regalaba un espectáculo gratuito, y ella acudía con gracia, con esa gracia que Sophia había sabido construir.

Así volaba con ellos, se perdía en su vuelo, y perdida en el cielo se encontraba. Las perspectivas son buenas en tiempos de confusión.

Quería comprarse zapatos de plomo. El precio de soñar es siempre detenerse, hermosos son los sueños con los ojos despiertos. Pero Sophia debía avanzar, mucho tiempo le había llevado esperar a que se disipara la neblina. Así, entre roces y entuertos, iba volviendo a la partida. Vislumbrando de a poco el camino de regreso, Sophia se tropezaba, se limpiaba las rodillas, respiraba profundo y volvía a intentar, sabía que talvez no era aún tiempo de retomar el camino, pero lo intentaba, porque después de tanto letargo sus piernas habían quedado entumecidas, y había que intentar. Ese era su lema ahora, intentar.

No suceden muy a menudo los milagros, pero a veces, nos buscan solitos. Algún peregrino se ha cruzado, y aunque no duró mucho en el camino, un roce estrepitoso le devolvió la esperanza en un tiempo muerto. Es cierto, demasiado pesan el miedo, el orgullo, el desamor, el desgano de volver a sentir, y la desconfianza. Sophia volvía vencida, y caía de rodillas al costado de su cama, preguntándose porque algo que debería ser precioso a ella le estrujaba el pecho. Las pocas veces que podía cruzarse con ese destello de soles, su sonrisa era un misil, contra todos los rincones humedecidos de su habitación. Pero a nadie le regalan un comienzo tan simple, mucho menos a Sophia, a quien todo siempre le había costado ganárselo con gran esfuerzo.

No se puede evocar la pasión sin deseo, y no se puede sentir deseo si no se construye con las ventanas abiertas a la posibilidad.

Sophia había recuperado a Sara, pero Sara estaba moribunda y llena de estupor, sus rencores ya no existían, y el costo había sido perder también al amor. Se le iban pudriendo las heridas, todo su cuerpo había sido herida, todo en sus manos era tocar espinas, no sabía cómo volver a sentir sin dolor, cómo volver a tocar sin lastimarse primero. Los carbones de sus ojos estaban apagados. Su corazón que nunca latió al compás de un tic tac de reloj sino con el ritmo de murgas y comparsas, estaba en un silencio ancestral y colosal.

Suele suceder que pasada tanta plenitud el vacío aturde.

Sophia cargaba con Sara ahora, eran distintas, pero iguales, y así iban las dos, por un camino sinuoso, y lleno de fronteras por derribar.

Caían las noches, el día de mañana sería otro intento fugaz, así se le escapaba el tiempo, escurrido como el agua entre los dedos, intentando renacer, sacar las capaz que la condenaban a seguir en pie, bajo siete llaves que ahora estaban perdidas, seguir en pie, porque no había dónde caer. Caían las noches y con sus tres almohadas como una lápida que rezaba sueños nuevos Sophia y Sara dormían intentando, intentando descansar de un descanso que envejeció de esperar.



Texto & Foto

x Georgina Sinclaire.

"nunca sabemos que nos traerá mañana la marea" (naufrago)

viernes, julio 10, 2009

El frío envenenando mis sentidos, impúdico, promiscuo, el frío, descosiendo la cadencia.

Ay olvido, blandito de cariño, nunca supe si sos vértigo o letargo. Venís mansito, con tu pasito de tiempo, especulas con mi parcimonia y mis puedos, olvido, tan siniestro y pérfido.


I

En los caminos hay proceso

En las vertientes me aferro al suelo

Y voy caminando del entierro

A la puerta de otra estela

Y voy dejando algún poema

Como huella en la tierra

Y tengo un olvido, que me cuesta más trabajo que recordar su nombre

Porque la tenacidad de una herida nada tiene que ver con subrayar al hombre que las construye.

Y lo peor no fue caer en el martirio, en la perfidia, en el entierro hostil de mi propia sangre añil (tan suicida, por generosa)

Lo peor no fue caer en la obsesión y saberla bella, o helena, como la dama blanca de un palacio antiguo.

Lo peor fue escucharte y hacerte eco, de las horas en que enumerabas mis defectos,

Lo peor fue hacerle altar a tu entrecejo, lo peor fue creer que eran necesarias las cualidades de tus “quieros”.

Lo peor, a esta altura, es ver pasar unos ojos que deslumbran y no poder sentir mas que miedo al miedo, mas que miedo a sentir de nuevo.

Lo peor no fue el crimen, sino la desesperanza.

Lo peor fue la casita con barrotes, las miserias que alimentabas,

Lo peor fue regalarte redención cuando no me quedaban ganas.


II


Pero llegan nuevas danzas

Cómo siempre viene con música sin promediar que le escondo las gracias

Sin embargo

Inútil es regalar sueños a una imagen que desvanece el tiempo

Absurdo como tenerlo en el pecho y descubrir que sonrío en el silencio

Más triste es saberme vencida en sus brazos y que no me adviertan los miedos

Tan absorta como ver al mundo ahogarse, incendiarse, volverse tieso

Saberlo lejos, en la misma ciudad, saberme obtusa en el mismo camino

Y ver como la esperanza se transforma en un hilo

Que pende del vacío cielo.



III

Yo orgullosa

Vos mujeriego

Yo complicando el escenario

Vos pragmático

Yo universo de palabras

Vos ipso facto

Yo graciosa

Vos mal semblante

Poca predisposición

Caprichos del destino

O soledad univoca.


IV

ESTE INVIERNO QUE ES UN INFIERNO AL REVES

Los eufemismos que a la vida le suelto

Si te miro, y no advertís el gesto

Cada hito de nostalgia

Cada vez que te espero

Tan sucintos los deseos

Se decantan

Zozobrazas

Evanescencias de la ausencia

Que dejas en mi almohada.

Tan dispar está la realidad

La fantasía, los pasos que me estanco

Como las botas en el fango

Elegías displicencias

Y la falta de tu templanza

Y la falta de mi paz

Mis epicureismos

Las reyertas que deje atrás

Este principio de felicidad

Este egoísmo que no llega

Tanta libertad

Este quedarme abriboca

Este repasarte la sonrisa

Esa mueca carnosa de vainillas

Ese tensarse en los extremos

De dolor ajeno

Estos planes de noche perfecta que te invitan

Una mirada entre la gente

Un roce indiferente

Las mañanas desahuciadas

Las tardes con sus mañas

Las noches de esperanto, que nunca te traen hasta mi cama

Este frío que se mide en los pasos que nos separan.

Y estas ganas de dormirme con tu voz en mi oído contándome un cuento antiguo.

(si llegas de madrugada, despertame, y abrígate con mis sabanas)



x Georgina Sinclaire.